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El gerundio, ese gran desconocido.

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Es una de las formas verbales que más quebraderos de cabeza da. Los medios periodísticos suelen usarla de forma incorrecta, lo que influye en los hablantes de la lengua. Este mal uso no se debe únicamente al desconocimiento de la norma, sino también a la influencia del inglés.

¿Qué es el gerundio?

El gerundio pertenece junto al infinitivo y participio a las formas no personales del verbo y una de sus principales características es que posee un matiz de adverbio. NO indica ni el tiempo en que transcurre la acción, ni el número, ni el género. Consigue crear un efecto de continuidad; tiene un carácter durativo; extiende la acción.

Esta forma verbal puede manifestar un momento anterior (en acabando, nos vamos. Es decir, “nada más acabar…”), coincidente (visitando el zoo, fue donde conoció a María, o sea “mientras visitaba…”) o inmediatamente posterior (salió enfadado, cerrando la puerta de un portazo, o sea “tras cerrar la puerta…”) al momento indicado por el verbo principal con el que se encuentra relacionado. De hecho, el gerundio nos señala el momento en que se realiza la acción del verbo subordinante o principal; pero también puede significar una condición (paseando por la ciudad, se conoce a mucha gente, o sea “, si se pasea…”) o causa de la acción principal (siendo del Norte el frío lo soportamos bien, o sea “Como somos del Norte…”).

De modo general, y en relación con esta influencia del inglés, la mayoría de los investigadores se refieren concretamente a tres diferentes tipos: gerundio con valor especificativo, gerundio con valor nominal y gerundio de posterioridad.

  • Gerundio con valor especificativo

Es sabido que, en español, el gerundio posee una función adverbial y, según la gramática acadé­mica, puede disponer de valor adjetivo siempre y cuando sea de carácter explicativo; de tal manera que el gerundio que tiene una función claramente especificativa o delimitativa es ajeno a la nor­ma española, salvo en el caso de las conocidas excepciones ardiendo e hirviendo.

No obstante, resulta difícil establecer una frontera clara y rigurosa entre el uso co­rrecto e incorrecto de esta forma no conjugable. Tanto es así que algunos estudiosos de la lengua, renunciando a este propósito, afirman que el gerundio será más propio cuanto más predomine en él el carácter verbal o adverbial y será más impropio cuanto más se aproxime a la función adjetiva, De este modo, el gerundio de un enunciado como: El gobierno ha emitido un decreto nombrando al nuevo ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, de claro valor adjetivo, debería ser sustituido en español por una subordinada adjetiva especificativa (El gobierno ha emitido un decreto que nombra al nuevo ministro de Trabajo y Asuntos Sociales). Otros afirman que el gerundio, que denota siempre una acción, trans­formación o cambio en transcurso perceptible, «no sirve para de­notar cualidades o estados más o menos duraderos; es decir, no puede usarse como adjetivo». Por ello son incorrectas frases como: La policía ha descubierto un zulo conteniendo armas y material explosivo, «porque las cualidades o estados son incompatibles con el carácter de acción en curso propio del gerundio». De igual modo, es dispa­ratada la secuencia: Para debatir estas cuestiones se convocará una reunión comenzando a las cuatro, en vez de que comienza o co­menzará, porque comenzar la sesión es un acto momentáneo in­compatible con la naturaleza imperfectiva o durativa del gerundio. La expresión normal de estas funciones corresponde, como ya he­mos dicho, a las oraciones de relativo y a los adjetivos y participios activos equivalentes cuando el español los tiene en uso.

Sin embargo, algunos investigadores han denunciado reiteradamente la frecuencia con que se filtra el gerundio especificativo en los textos traducidos, donde el patrón español alterna con el anglicado especialmente en construcciones como: Desapareció la carte­ra conteniendo el dinero, en las que figura un verbo de estado (con­tener).

La aparición de este gerundio con valor especificativo se expli­ca por la inexistencia en español de un participio de presente, que constituye una laguna sintagmática y que puede propiciar por sí sola la aparición de estas estructuras.

Sin embargo, existen en español usos anómalos del gerundio con valor especificativo que no obedecen a influencia del inglés. Por ejemplo el gerundio del B.O.E, llamado así por ser esta publica­ción aquella en la que se inserta con mayor asiduidad, en estructu­ras como Decreto regulando la exportación de vinos.

El hecho de que el valor del gerundio especificativo deba ser expresado mediante una oración de relativo suele interpretarse como un procedimiento que, por su pesadez, supone un perjuicio para la economía de la expresión (Gómez Capuz: 1991:45), lo que ha lle­vado a algunos investigadores a reconocer que, aunque estamos ante un uso contrario a la norma del español, resulta práctico, claro y corto.

  • Gerundio con valor nominal

Completamente ajeno a nuestra gramática es el empleo del gerun­dio con valor nominal, puesto que se ha de recurrir al infinitivo: ejemplos característicos en este sen­tido son aquellos contextos en que dicha forma no personal des­empeña la función de sujeto y se acompaña de un verbo principal de valor modal valorativo (caminar es agradable), o las nominalizaciones con hacer, tan frecuentes en español (lo que hace es mo­lestar a los vecinos).

Teniendo en cuenta lo dicho, resultan inaceptables las secuen­cias: La mejor manera de evitar el vicio de fumar es mascando chicle o Ese muchacho lo que hace es comparando las muestras, en las que el gerundio debe ser desplazado por el infinitivo.

  • Gerundio con valor temporal de posterioridad.

El gerundio simple, según contempla la gramática española (RAE), expresa una acción durativa e imperfecta que coincide temporalmente con la acción del verbo principal. Esta coincidencia o estrecho con­tacto temporal hace que se considere incorrecto aquel gerundio que exprese acciones claramente posteriores a la principal, a no ser que se trate de una posterioridad inmediata. Teniendo en cuenta la difi­cultad de establecer una frontera rigurosa entre la simple posterio­ridad y la posterioridad inmediata. Criado de Val (1962) señala que el gerundio será más impropio cuanto mayor sea la distancia entre el tiempo de su acción y el del verbo o frase principal.

Por tanto, a la hora de traducir, debemos evitar caer en estos usos del gerundio y darle a nuestra traducción una forma natural en español. Cierto es, que tras horas traduciendo uno puede incurrir en el error o el calco, pero a la hora de repasar y corregir nuestra propia traducción, hay que prestar especial atención a esta forma verbal.

Fuente: Isabel Pascua Febles: La traducción, estrategias profesionales (Prologo por R. Sánchez Lizarralde).


1 comentario

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  1. Leo Hickey

    Con respecto al llamado “gerundio del BOE” o “curialense” [véase Gloria Toranzo (1968), "El estilo y sus secretos", Pamploma: U. de Navarra, y algún otro estudioso que sigue su pauta] mi parecer es el siguiente: O se usa este gerundio en textos jurídicos (digamos, con cierta frecuencia)o no se usa; si se usa, existe; si no se usa, no existe; si no se usa y no existe, ¿por qué o para qué tanta embestida, arremetida, agresión, ataque etc. contra él? Si se usa, y luego existe, qué criterio estético, gramatical, moral etc. dicta que sea “incorrecto”, “erróneo”, “equivocado” etc? Ah, El RAE. Y ¿dónde lo dicta el RAE? Y, si así lo dicta el RAE, ¿qué criterio sigue al dictarlo? ¿El criterio de “Te lo digo yo”?

    Me interesaría leer ejemplos auténticos y recientes de este uso del gerundio (citando fuentes).

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