search search search rss search

next page next page close

Mi primera charla

Recientemente me estrené como  «ponente», aunque más que ponente, que suena demasiado rimbombante y erudito, yo diría «contadora de experiencias».

Hace poco, para ser exactos el día 30 de marzo, tuve el placer de participar como ponente (¡ni más ni menos!) en el Seminario sobre traducción e interpretación económica e institucional: docencia, investigación y profesión que ha organizado la UA para los meses primaverales (marzo, abril y mayo).

Supongo que todos habréis leído ya la magnífica entrada que publicó Raimundo Rizo sobre la famosa charla.  Sinceramente fue una experiencia fantástica y no dudaría en repetirla y la sobremesa fue aún mejor.

Al principio me daba un poco de pánico salir al estrado. Te planteas si realmente podrás dar la talla, si podrás aportar algo interesante a los oyentes, si tu charla no será demasiado aburrida, etc.  Pero al final, una vez te armas de valor, te reúnes con tu compañero de charla, vuelcas toda la información que te gustaría contar y te das cuenta que te falta tiempo para contar todas esas cosillas que llevas dentro.

En principio teníamos 45 minutos para la ponencia, pero creo que se nos quedaron cortos.  Nos pedían que diésemos una imagen crítica del máster de Traducción Institucional que cursamos en el 2009, que contásemos un poco nuestra experiencia profesional tras acabar los estudios.

Tras hacer un brainstorming decidimos separar la ponencia en tres partes: una visión general de los másteres que se ofrecen hoy, donde mencionamos a nuestros compañeros Olli Carreira y Ana Fuentes. Intentamos dar una visión más real sobre lo que sucede tras cursar un máster. ¡Generalmente no sucede nada especial! Como bien decía Ana en su blog: «un máster no es la panacea, ni te abrirá automáticamente las puertas al mercado laboral. Sin embargo, sí puede ayudarte a profundizar conocimientos y plantearte salidas profesionales que antes desconocías». En esta parte también hablamos sobre cuán importante es hacer una elección acertada y pensarse bien las cosas antes de meterse de cabeza en un máster, debemos sopesar muchísimos factores antes de decidirnos.

Animamos a los alumnos a asomar su cabecita al mundo real un par de años antes de decidirse por un máster. De esta forma uno puede averiguar qué conocimientos le faltan, qué rama de la traducción es la que más le gusta, si realmente le hace falta cursar un máster, etc. Creo que con ese consejillo nos metimos a todos los alumnos en el bolsillo (¡Gracias, Olli!).

Y una vez en materia, Rai habló sobre los pros del máster de Traducción Institucional de la UA.  Mientras que a mí me tocó la parte fea, tuve que hablar sobre los contras del máster. ¡Con tacto, claro! Aunque los profesores ya estaban preparados a que les pusiésemos algo verdes, fuimos buenos. La verdad es que desde el año 2009 el máster ha evolucionado muchísimo y a mejor. Han quitado asignaturas de teoría, han implementado prácticas con TAO y lo han enfocado al mundo real de la profesión. ¿Qué quiero decir con esto? Pues que nuestros profesores intentan estar al día en lo que al mundo laboral se refiere y según veo lo están consiguiendo.

Mientras nosotros en 2009 tuvimos asignaturas como «Análisis de la traducción» y «Teoría de la traducción», actualmente el máster está más enfocado hacia la especialización como puede ser la traducción económica o la traducción jurídica.

Con nuestro pequeño análisis intentamos dar ideas nuevas a los profesores e informar a los alumnos que quieran cursas el máster en cuestión. Propusimos a los profesores que en la práctica del encargo real, que realizamos en la asignatura de Traducción económica, el cliente fuese un poco más puñetero, pues pocos son clientes perfectos. De esta forma los alumnos podrían lidiar con un cliente que se queja constantemente, ya sea a causa de las tarifas, de los plazos o cualquier otra cosa que se le pueda ocurrir. También sugerimos que en las clases de interpretación no solo se insistiese en la interpretación en instituciones internacionales, sino también en servicios públicos como pueden ser hospitales, comisarias, juzgados, etc. Yo lo habría agradecido muchísimo en mis años de estudio.

Pero, además de todo esto, el tema estrella fue la informática, en este punto fue donde todos los oyentes se animaron a participar. Me sorprendió mucho oír que aún hay gente que le tiene pánico al ordenador, que no se atreve a trastear los procesadores de texto o cualquier otro programa. Los alumnos se quejaban que la formación en ofimática —más que en informática— es bastante escasa tanto en la carrera, como en los másteres. La verdad es que estoy de acuerdo con ellos, pero también he de decir que uno tiene que ser un poco autodidacta, pues en la universidad tampoco pueden enseñarte todo. Tal y como insistimos en la charla: no hay que tenerle miedo al ordenador, será tu herramienta de trabajo. La red está llena de recursos y hemos de aprovecharlos. ¿No sabes cómo manejar el programita para el trabajo de Terminología? ¡Búscalo en la red! ¡Lee foros y manuales! No dudes en preguntar a tus compañeros o algún traductor que conozcas. ¡Hemos de conocer nuestra herramienta de trabajo! Y la excusa de «esto no me lo han enseñado» no vale.

Finalmente hablamos un poco sobre nuestra experiencia, sobre la búsqueda de trabajo y las salidas laborales. Pero como no nos dio tiempo a todo, a la salida pudimos debatir un poco más sobre la profesión.

Si queréis leer algo más sobre la ponencia, uno de los oyentes nos dedicó una entrada: Seminario sobre traducción e interpretación económica e institucional: docencia, investigación y profesión. Parte I

Además aquí os dejo la presentación que hicimos para acompañar la charla.

Y como le he cogido gustillo a esto, esta tarde me han invitado a una clase de primero de Traducción e Interpretación de la Universidad de Alicante para contarles un poco mi experiencia como traductora autónoma.


next page next page close

Es hora de digitalizarse.

Hoy en día la tecnología avanza a pasos agigantados y cada día el mundo se digitaliza un poco más.  Poco a poco el papel empieza a salir de nuestras vidas.  Al principio nadie apostaba por las cámaras de fotos digitales, ¡mira ahora! Incluso tenemos álbumes y marcos de fotos digitales. Lo mismo está sucediendo con los libros, aunque hay muchos sectores reacios a los libros electrónicos, creo que los lectores de libros electrónicos están ganando terreno. De hecho, seguro que a más de uno le han traído los Reyes o Papá Noel un lector y estáis la mar de contentos.  Yo tengo uno y no lo cambiaría por nada, ya que no me caben más libros en casa.

Lo mismo ha sucedido con la traducción, pocos usamos diccionarios en papel (a no ser que sean muy especializados, véase mi diccionario de términos de montaña ruso-español/ español-ruso). Hay más recursos útiles en la red que en papel. Muchas obras están ya digitalizadas por lo que es más fácil llegar a ellas. En lugar de esperar un mes para que te llegue a casa la tienes al alcance de un clic de ratón. Las traducciones nos llegan en formato digital y las entregamos en formato digital, lejos quedaron los días de recibir los originales en papel y el recuento de palabras a mano (¡tenía una profesora que lo hacía!). Sin embargo, hay una vertiente de la traducción que se resiste a este fenómeno: la traducción jurada. Quizás esté diciendo una barbaridad, pero opino que está un poco obsoleta.

Sé que ahora todos me diréis: “¡Pero es un documento oficial! ¡Como un documento notarial! ¡Debe estar en soporte papel!”. Lo sé, lo sé. Pero, ¿no creéis que si en este tipo de traducciones evolucionásemos un poco sería más fácil para todos, tanto para el cliente como para el traductor?

La traducción hace tiempo que traspasó las fronteras de tu ciudad, provincia e incluso país. Y la traducción jurada también.  Yo misma he tenido que enviar documentos a Francia o Camerún, y como siempre el cliente lo quería para ayer. Pero siendo una traducción jurada, no puede ser para ayer, por muy corta o simple que sea. Ya no depende de nosotros, sino del servicio de correos o mensajería, y claro el cliente querrá además que se lo mandes mediante una empresa que sea barata y rápida. ¡Difícil!

Y digo yo, ahora que existe la firma digital que sirve para demostrar la autenticidad de un mensaje digital o de un documento electrónico.  ¿La OIL no podría apostar por un método de certificación parecido? Un sello y una firma digital.  Así una vez terminada nuestra traducción jurada la podemos enviar vía mail al cliente con la firma y sello digital y mandarla también en papel, que aunque llegue más tarde el cliente podrá realizar los trámites que necesite con la traducción en soporte electrónico.

Pero mientras la OIL se actualiza (¡dentro de unos cuantos años!), tenemos la magnífica plataforma Júramelo.  Júramelo.es es una plataforma online de solicitud, producción y entrega de traducciones juradas que permite a los usuarios encargar traducciones de forma sencilla a través de internet, y a los traductores jurados registrados obtener clientes de cualquier lugar del mundo. Así que aconsejo a los TIJ por lo menos echarle un vistazo a la web, y si además os decidís a inscribiros recibiréis un paquete de bienvenida muy chulo.

¡Mi nuevo uniforme de trabajo!

¿Creéis que la traducción jurada debería actualizarse?


next page next page close

¡Buen Provecho!

Enfrentarse  a una traducción no es tarea fácil, sin embargo algunos textos te ponen los pelos como escarpias nada más verlos. No hablo de textos técnicos, llenos de terminología específica, sino de esos que llaman “generales” (creo que ese término no debería existir). ¿Qué es una traducción general? Si cada temática tiene tecnicismos y expresiones características.  Pero este tema de “traducciones generales” voy a dejarlo para otra entrada.

Lo que venía diciendo, recientemente me llama un cliente diciendo que necesita una traducción de un texto “bastante corto y fácil, unas 400 palabras, y cuanto antes mejor”. ¿Qué tipo de texto es? Pues ni más ni menos que la carta de un restaurante. Y ahí es cuando se te ponen los pelos de punta.

Creo que a lo largo de estos años he hecho un par de cartas de restaurante: una para un restaurante vasco y otra para un restaurante mediterráneo.  Y sinceramente, son el tipo de traducción con las que te puedes volver loca y pasarte un día entero mirando la pantalla.

La cultura gastronómica de cada país es un mundo, y si además son culturas lejanas como puede ser la rusa y la española, este tipo de traducciones se convierten en una pesadilla.

Una de las características de las cartas de restaurantes españoles es sobre todo la variedad de pescados y mariscos. En cambio, en Rusia hay otro tipo de variedad. Mientras aquí hablamos de camarones, langostinos, gambas, quisquillas, cigalas, etc.; en Rusia general y coloquialmente todo este tipo de marisco se denomina «креветка», y se distingue principalmente por tamaños y colores (como roja, tigre, etc.).

Y no hablemos de los moluscos: mejillones, almejas, navajas, percebes, vieiras, zamburiñas, etc. Que los rusos hablan de «мидии» y ya está, excepto para las ostras y las vieiras.  ¡Vuélvete loca para traducir todo ese tipo de moluscos!

Cuando terminamos con los moluscos, llegan los pescados, y otra vez a investigar: mero, rape,  sepia, rodaballo, lenguado, etc., etc. Así un día le tuve que demostrar a una señora rusa que la sepia y el calamar no son lo mismo, y que los calamares no son anillas vivientes, ni tampoco son “sepias a la plancha”.

¡La dieta mediterránea!

Y bueno, cuando pasamos a las salsas que acompañan todos estos manjares, ya te puedes dar por muerto y buscar al cocinero del restaurante para ver que llevan esas salsas y como las pones bonitas.  Al igual que los arroces de la costa mediterránea: arroz con costra, arroz a banda, arroz negro, etc. A veces no queda otra salida que poner una pequeña descripción entre paréntesis.

El apartado de las carnes suele dar menos problemas, sólo tienes que investigar sobre los diferentes cortes: entrecot, chuleta, solomillo, etc.

Pero, la némesis del traductor llega cuando aparece el apartado de platos tradicionales. ¿Transcribes el nombre original y le añades una pequeña explicación? Por ejemplo: cocochas. ¿Le das un nombre descriptivo? ¡Muy fácil todo!

¿Y qué hacemos con los postres? No todos conocen el flan, el tocino de cielo o el pan de calatrava o las natillas.  Por lo menos yo en Rusia nunca los he visto, aunque quizás ahora si haya. Un postre típico español es el arroz con leche, sin embargo en Rusia nos lo daban de pequeños como desayuno (рисовая каша), ¡qué poco me gustaba! No lleva canela, pero era arroz cocido con leche y azúcar. ¿Cómo lo traduces entonces? ¿“Pudding de arroz y canela”?

Sé que me dejo muchos otros problemas de traducción “gastronómica” en el tintero, pero esto de fácil no tiene nada. Te puedes pasar unas cuantas horas, o días, devanándote los sesos para dar con la traducción adecuada.

Y cuando un texto así cae en manos inexpertas o en las del hijo del camarero que estuvo 3 meses en Irlanda, nos encontramos con perlas de este estilo:

“Mel i Mató” por “Honey and Killed”, vía "Y tú qué lees"

 

O también perlas como estas, que incluso tuvieron repercusión en www.meneame.net:

Ensaladilla Russian, Sepia to the iron with ali smelt, Almejas to the sailor, Solomillo of Buey, Peppers with beautiful, Tape of lomo, Ham Serrano, Paté of pato with frambuesa, etc. Vía: Microsiervos.

 

¡Qué aproveche, amigos!

 

 


next page next page close

Ojo de Polisemo: III Encuentro universitario-profesional de traductores literarios.

Hace poco tuvimos un mini-debate con varias compañeras en Twitter (¡qué gran invento!) a raíz de un artículo del País: “La hora de un traductor vale como la de la limpieza”. La pregunta que todos nos hacíamos era si realmente se puede vivir de la traducción literaria.

Tras acudir al III Encuentro universitario-profesional de la traducción literaria, puedo decir que sí, se puede vivir de la traducción literaria, y sin combinarlo con ningún otro empleo. Los profesionales de la traducción literaria que hicieron realidad el encuentro, demostraron con creces que el traductor literario no vive del aire.

Tuvimos el placer de conocer a traductores del calibre de María Teresa Gallego Urrutia, Presidenta de AceTTraductores y traductora literaria de los grandes autores franceses; o Carmen Montes, traductora de novelas policiacas; Carlos Milla, traductor de novela histórica, entre las cuales habría que destacar la saga de Los hijos de la tierra de Jean M. Auel, y otros muchos profesionales del mundillo. Además conocimos las dos caras de la moneda: traductores y editores.

Todas y cada una de las mesas redondas suscitaron un gran interés entre el público, que al final de cada ponencia acribillaban a preguntas a los ponentes.

Se habló de los problemas de traducción que uno puede encontrar en las obras literarias, a menudo por falta de investigación y documentación por parte del autor, y otras veces por la dificultad de equivalencias en las dos culturas o a causa de malas traducciones.

Carmen Montes (traductora de las obras de Henning Mankell, entre otras) y Alejandro  M. Gallo (escritor y comisario jefe de la Policía Local de Gijón) hablaron sobre la traducción de las novelas policiacas y las dificultades de traducir los diferentes cargos militares o policiales, o de cómo algunos de los autores no se documentan en absoluto sobre los temas sobre los que escriben o se inventan aviones de combate o armas.

De la mano de Teresa Solana, traductora y escritora de novela negra, conocimos la figura de la “autotraducción” y la polémica “contaminación” de la lengua catalana.

Benito Gómez Ibáñez, traductor de El Infierno digital de Philip Kerr expuso la dificultad de traducir un technothriller del siglo XIX-XXI, cuando el tema tecnológico e informático no estaba tan extendido, y los relojes digitales aún no habían aparecido en España, y se optó por traducirlos como “relojes de lectura directa”.

Aunque no sólo se habló de los problemas de traducción desde un punto de vista práctico, sino también tuvimos la oportunidad de conocer el punto de vista teórico gracias a Javier  Franco Aixelá, profesor de la UA.

Sin embargo, a mi parecer, las ponencias que despertaron más interés entre el público fueron aquellas en las que se habló sobre el tema económico, la fiscalidad, los contratos, etc.  Y me gustaría destacar un poco más este punto.

Lo primero que deberíamos hacer es acudir a la Ley de Propiedad Intelectual (Art. 5) para conocer nuestros derechos y obligaciones. Así pues, conforme a la Ley de Propiedad Intelectual: “La cesión otorgada por el autor a título oneroso le confiere una participación proporcional en los ingresos de la explotación, en la cuantía convenida con el cesionario”.

Por tanto, antes de enfrascarnos en una traducción literaria, debemos firmar un contrato con la editorial. En la página de Acett podéis encontrar los contratos tipo y toda la información necesaria para evitar clausulas abusivas. Aunque según el Libro Blanco de la traducción editorial de España el 27,2% de los traductores no tenían contrato.

En cuanto a las tarifas que se le aplican a la traducción literaria, nada tienen que ver con otro tipo de traducciones. En este caso se tarifica por plantilla, o “por matrices”, o  “a tanto alzado”, (antigua plantilla de las máquinas de escribir de 30 líneas de 70 caracteres =2100 caracteres) o por recuento, es decir por recuento de Word (cantidad de caracteres totales dividida por 2100, por lo que la tarifa se ve algo mermada).

Los precios aconsejados por la asociación son los siguientes:

 

Lengua de partida EUROS
Inglés, francés, italiano, catalán, portugués al castellano o catalán 10€ – 24€
Alemán, danés, rumano, serbio, croata, noruego, sueco al castellano o catalán 11€ – 24€

Aunque, a veces la remuneración depende también del tipo de obra, una de las asistentes que conocí en el encuentro era traductora de novela erótica, y parece ser que está bastante mal pagada (6.50€ por 2100 matrices) ya que algunos creen que desprestigia al traductor, aunque hay mucho trabajo en ese campo.

Además de esto, el traductor literario tiene derecho a cobrar derechos de autor:

 

Obras de dominio público Entre el 2% y el 10%
Obras con derechos vivos Entre el 0.5% y el 2.5%

En el contrato que vayamos a firmar las tarifas no son el único punto importante, también habría que prestar especial atención a la renovación del contrato, a las penalizaciones que puede aplicarte la editorial por todo tipo de causas, a las cesiones y a la extensión de la obra al ámbito digital, tema muy candente hoy en día en el mundillo editorial.

Para más información sobre estas cuestiones podéis visitar la web de ACETT o de CEATL.

Tras el debate sobre las tarifas y la fiscalidad, los ponentes recomendaron estar en constante contacto tanto con otros profesionales de la traducción como de la edición, que, además, hoy en día es mucho más fácil y accesible gracias a Internet y a las asociaciones. ¡Hay que asociarse y estar en contacto con el mundo exterior!

Se mencionaron todo tipo de foros, blogs y listas de distribución relacionados con la profesión:

- Actualidad Editorial

- Club de traductores literarios de Buenos Aires

- El atril del traductor

- El Carpintero traductor

- El Trujamán

- Malapartiana

- El Blog de León Hunter

- La Paradoja de Chomsky

- Saltana

- 1611 (Historia de la Traducción)

- ASOCESP

- FIT

En resumen, aunque seamos un colectivo muy quejica, como dicen algunos que desconocen la profesión, y los lectores se acuerdan de nosotros sólo cuando encuentran un error, SÍ se puede vivir de la traducción, y también de la traducción literaria. Sólo hay que poner empeño en lo que uno hace, tener ganas, respetar tu labor y la de los demás, no tener miedo a los retos, exigir tus derechos y cumplir con tus obligaciones para no perjudicar a los demás. ¡Nuestra profesión es simplemente genial!

Y para terminar esta entrada, os adjunto las magníficas conclusiones de Catalina Iliescu, Directora de la Sede Ciudad de Alicante y profesora de la UA.

Ha sido un encuentro mágico con la literatura y con los responsables de que ella llegue hasta nosotros. Unas veces rebelde y desenfrenada, como en el triángulo de encaje y seda del “acorazado Potemkin” que el héroe de la traducción de Benito Gómez hizo suyo, otras veces domesticada, como cuando Peter Bush tiene que templar en la lengua de Shakespeare las obsesiones de su personaje en perpetua erección, un problema evidente para el traductor, aunque mirándolo bien… ¿qué opinarán las lectoras?

Hemos aprendido con Teresa Solana que lo que se hace a cuatro manos no lo puede “desfacer” ninguna política lingüística, pues viene dictado por la esquizofrenia creadora del traductor-escritor que entra en el bucle “sibilino” del perfeccionamiento continuo, deformación profesional que padecen también los traductores de novela histórica, quienes se meten en la máquina del tiempo y, con ayuda de gancheros y pilotos de caza, reconstruyen, esquivando los anacronismos, un cuadro andaluz preciosista con detalle de sardana, porque para eso se les ha comparado hoy con los restauradores de lienzos o frescos de sociedades y vidas pretéritas.

Hemos confirmado una vez más la sospecha de que la teoría sí sirve para algo, aunque sólo sea para saber con qué se le “metaforiza” a uno (cristal, puente, ente invisible, recepcionista de Babel)… y aunque nos gusta hablar de “diferencias traductoras” más que de “pérdidas de la traducción”, en el fondo, todos hemos intentado a lo largo de estos tres días desterrar el mito de la “intraducibilidad” y la leyenda urbana que reza: “de la traducción literaria no se come”.

También nos ha servido este encuentro para enterarnos de que el poli de a pie es el currito y el comisario es el listo, mientras que el inspector suele ser un poco torpe para darle juego al jefe, aunque con tanta policía nacional, local, autonómica y unidades adscritas, una acaba llamándolos con el genérico “fuerzas de orden público”, ¡que encima resulta que dejó de utilizarse cuando murió el tío Paco!

Hemos aprendido que debemos exigir contratos y sabernos los artículos de la ley de propiedad intelectual como la lista de los reyes godos (¡aunque nos vendría mejor la lista de los reyes magos!), a darnos de alta en la omnisciente Hacienda y a facturar, a escoger la asociación que mejor se ajuste a nuestras necesidades y a aspirar, si no al Premio Nacional o al Stendhal, al menos a la “sirenita” de Andersen.

Disfrutamos con nuestro propio reflejo en el espejo minucioso y sagaz de los alumnos, en el que a más de uno de los diseñadores de curricula académicos le tendremos que aplicar el Photoshop porque no sale muy favorecido…

Hemos visto que a las grandes dicotomías de la lingüística, desde Saussure para acá (sincronía-diacronía, significante-significado, lengua-habla, forma-sustancia) se suma la sutil dicotomía que condiciona el apasionante mundo de la literatura jurídica: experto-lego.

Los “minoritarios”, aquellos que en la Comunidad Valenciana, hasta hace cuatro días éramos denominados “inmigrantes” si se trataba de rumanos o marroquíes, cuando los alemanes y escandinavos eran “residentes extranjeros”, hemos podido romper una lanza por estas lenguas de menor circulación, que “encriptan” (palabra cosechada del bucle) poderosas literaturas cuya savia descifran los traductores, de modo que mientras alguien tenga algo que contar… ¡seguiremos existiendo!

Pues como decía mi “nobelizada” compatriota, Herta Müller: “con las palabras en la boca aplastamos tantas cosas como con los pies la hierba. Pero con el silencio, también”.

P.D.: Podéis consultar resúmenes más detallados sobre El Ojo de Polisemo en los blogs de otros compañeros que acudieron a la cita y que tuve el placer de conocer, aunque a algunos ya los conocía.

- Traduo

- Letras de Sastre

- Traduzco, luego existo

 

 


next page next page close

Historias de la vida “traductoril”.

Historias de la vida “traductoril”.

Últimamente leo muchas entradas en los blogs de traducción sobre nuestras famosas tarifas y como se quejan los clientes y las agencias de que somos demasiado caros. ¡Ni que fuéramos un mercadillo!

Casualidad, que hace unos días estuve hablando con un amigo sobre mi trabajo.  Y surgió el siguiente diálogo:

Amigo: – ¡Anda!, ¿y traduciendo se gana dinero?

Yo: – Claro. No es para tirar cohetes, pero se puede vivir.

A.:- ¿Y cuanto cuesta una página?

Y.:- Bueno, yo normalmente cobro por palabra.

A.: -Vale, ¿Cuánto cuesta una palabra?

Y.: -Pues, a menudo depende del texto o del tipo de traducción.

A.: – ¡Ah! Pero entonces, yo te puedo pedir que no traduzcas los artículos, ni las conjunciones y así me ahorro palabras, ¿no?

Y.: -… Esto…si no pongo ni artículos ni conjunciones, ¿cómo vas a entender el texto?

A.: -Bueno, yo sé donde debería ir un artículo o una conjunción, así pongo yo lo que falta y me ahorro unas pelas.

A cuadros me quede. No supe contestarle.

Igual que algunas agencias te pagan un x% menos por las repeticiones o quieren que no les cobres los números. Vamos, como ir al bar y decirle al camarero: “Mire, el servicio de traerme la taza con el café, no me lo incluya en el precio, que ya me lo hago yo sólo y de paso me exprimo el zumo.”

Si la sociedad de hoy en día no valora su propia lengua, ¿cómo va a valorar nuestro trabajo? ¡Total es sólo buscar palabras en el diccionario!


Mi primera charla

Recientemente me estrené como  «ponente», aunque más que ponente, que suena...
article post

Es hora de digitalizarse.

Hoy en día la tecnología avanza a pasos agigantados y cada día el mundo se digitaliza...
article post

¡Buen Provecho!

Enfrentarse  a una traducción no es tarea fácil, sin embargo algunos textos te ponen...
article post

Ojo de Polisemo: III Encuentro universitario-profesional de traductores literarios.

Hace poco tuvimos un mini-debate con varias compañeras en Twitter (¡qué gran invento!)...
article post

Historias de la vida “traductoril”.

Últimamente leo muchas entradas en los blogs de traducción sobre nuestras famosas...
article post