search search search rss search

SOFTWARE LIBRE

line

Actualmente todo cuesta pasta, y en ocasiones más de la que esperamos. En nuestra «oficina» debemos rodearnos de todo tipo de cacharros y programitas. Ya no basta solo con un procesador de texto. Necesitas todo tipo de recursos a la hora de enfrentarte a archivos infernales de clientes que desconocen nuestra profesión.

Esta misma semana me ha llegado un correo con 5 imágenes adjuntas (¡ya no son ni pdfs!) con el siguiente mensaje:

«Buenos días:

Necesitamos el presupuesto y el plazo para traducir estos documentos.

Un saludo,

Pepito de los Palotes»

Tú miras los archivos, los archivos te miran a ti… Respiras hondo y empiezas a hacer tu presupuesto. Primero, conviertes los archivos a PDF con LibreOffice, luego los pasas por un OCR (rondan los 100 €) o los subes a alguna web tipo Zamzar (¡gratuitas! Aunque surge la problemática de la confidencialidad de datos), los conviertes a formato .odt (.doc/.docx en caso de querer pagar una licencia de unos 200 €), haces el recuento de palabras y mandas el presupuesto a tu cliente. En ciertos casos, incluso te planteas cobrar por el presupuesto.

¡Soy libre!

¡Soy libre!

Tu cliente echa un vistazo al presupuesto y como ha oído hablar de estos traductores holgazanes que tienen programas fantásticos que traducen por él (TAO) dice que le hagas una rebajita por las repeticiones y que si le haces la rebajita, el trabajo es tuyo seguro. Y, puesto que la economía no está para tirar cohetes, te decides a ver las estadísticas del posible proyecto. Abres el programa de traducción asistida por ordenador, en mi caso OmegaT (¡gratis y fantástico!), y sacas las estadísticas del proyecto. Si usas la famosa TAO que todas las empresas de traducción suelen exigir, seguramente te habrás gastado cerca de los 800 €. Todo esto sin mencionar lo que te habrá costado el sistema operativo y otros programitas que usas a diario.

Finalmente el proyecto tenía unas 7000 palabras, de las cuales 1005 eran repeticiones. Tu cliente se queda contento y tú te lanzas a traducir.

Con todo esto, quiero decir que no tenemos que ir a morir a las grandes multinacionales de software, podemos trabajar con el software libre y hacerles ver a las empresas que programas como LibreOffice (por poner un ejemplo) no son peores que los archiconocidos procesadores de textos. Que existe gran variedad de software libre que funciona igual de bien, o incluso mejor, que el software de pago.

El día 15 de diciembre asistí a un curso de OmegaT que organizó la Xarxa en Elche. Y aunque uso el OmegaT a diario, aprendí algunas cosillas nuevas y aporte mis conocimientos para ayudar a los compañeros. Quizás la interfaz de OmegaT no sea tan bonita como otras, pero las prestaciones son bastante similares, incluso, en su nueva versión, permite el trabajo en grupo. Sus desarrolladores escuchan a los usuarios y resuelven todas las dudas que puedan surgir.  ¡Os animo a probarlo!

Para más información sobre software libre para traductores, os recomiendo echar un vistazo al blog de Traducción y mundo libre.

 


2 comentarios

line
  1. Hola, Cristina:

    Yo soy partidaria del software libre como el que más, pero en ocasiones merece la pena adquirir software comercial si eso te evita problemas con los clientes, te facilita el trabajo con ellos y te permite conseguir encargos que requieren el uso de determinados programas (aunque sea simplemente por preferencia del cliente). Es una inversión como otra cualquiera.

    Saludos,
    Isabel

    line
    • Hola, Isabel:
      Cierto es que muchos clientes prefieren el software comercial, pero en caso de las TAO, por ejemplo, las memorias de OmegaT son compatibles con los demás programas comerciales y viceversa. En cuanto a los procesadores de texto, cierto es que hay un programa predominante y es el que todos usan, pero creo que el software libre es mucho más versátil. Yo, en la medida de lo posible, intento usar software libre, aunque el cliente es el que tiene la última palabra.

      line

Comentar