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Ojo de Polisemo: III Encuentro universitario-profesional de traductores literarios.

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Hace poco tuvimos un mini-debate con varias compañeras en Twitter (¡qué gran invento!) a raíz de un artículo del País: “La hora de un traductor vale como la de la limpieza”. La pregunta que todos nos hacíamos era si realmente se puede vivir de la traducción literaria.

Tras acudir al III Encuentro universitario-profesional de la traducción literaria, puedo decir que sí, se puede vivir de la traducción literaria, y sin combinarlo con ningún otro empleo. Los profesionales de la traducción literaria que hicieron realidad el encuentro, demostraron con creces que el traductor literario no vive del aire.

Tuvimos el placer de conocer a traductores del calibre de María Teresa Gallego Urrutia, Presidenta de AceTTraductores y traductora literaria de los grandes autores franceses; o Carmen Montes, traductora de novelas policiacas; Carlos Milla, traductor de novela histórica, entre las cuales habría que destacar la saga de Los hijos de la tierra de Jean M. Auel, y otros muchos profesionales del mundillo. Además conocimos las dos caras de la moneda: traductores y editores.

Todas y cada una de las mesas redondas suscitaron un gran interés entre el público, que al final de cada ponencia acribillaban a preguntas a los ponentes.

Se habló de los problemas de traducción que uno puede encontrar en las obras literarias, a menudo por falta de investigación y documentación por parte del autor, y otras veces por la dificultad de equivalencias en las dos culturas o a causa de malas traducciones.

Carmen Montes (traductora de las obras de Henning Mankell, entre otras) y Alejandro  M. Gallo (escritor y comisario jefe de la Policía Local de Gijón) hablaron sobre la traducción de las novelas policiacas y las dificultades de traducir los diferentes cargos militares o policiales, o de cómo algunos de los autores no se documentan en absoluto sobre los temas sobre los que escriben o se inventan aviones de combate o armas.

De la mano de Teresa Solana, traductora y escritora de novela negra, conocimos la figura de la “autotraducción” y la polémica “contaminación” de la lengua catalana.

Benito Gómez Ibáñez, traductor de El Infierno digital de Philip Kerr expuso la dificultad de traducir un technothriller del siglo XIX-XXI, cuando el tema tecnológico e informático no estaba tan extendido, y los relojes digitales aún no habían aparecido en España, y se optó por traducirlos como “relojes de lectura directa”.

Aunque no sólo se habló de los problemas de traducción desde un punto de vista práctico, sino también tuvimos la oportunidad de conocer el punto de vista teórico gracias a Javier  Franco Aixelá, profesor de la UA.

Sin embargo, a mi parecer, las ponencias que despertaron más interés entre el público fueron aquellas en las que se habló sobre el tema económico, la fiscalidad, los contratos, etc.  Y me gustaría destacar un poco más este punto.

Lo primero que deberíamos hacer es acudir a la Ley de Propiedad Intelectual (Art. 5) para conocer nuestros derechos y obligaciones. Así pues, conforme a la Ley de Propiedad Intelectual: “La cesión otorgada por el autor a título oneroso le confiere una participación proporcional en los ingresos de la explotación, en la cuantía convenida con el cesionario”.

Por tanto, antes de enfrascarnos en una traducción literaria, debemos firmar un contrato con la editorial. En la página de Acett podéis encontrar los contratos tipo y toda la información necesaria para evitar clausulas abusivas. Aunque según el Libro Blanco de la traducción editorial de España el 27,2% de los traductores no tenían contrato.

En cuanto a las tarifas que se le aplican a la traducción literaria, nada tienen que ver con otro tipo de traducciones. En este caso se tarifica por plantilla, o “por matrices”, o  “a tanto alzado”, (antigua plantilla de las máquinas de escribir de 30 líneas de 70 caracteres =2100 caracteres) o por recuento, es decir por recuento de Word (cantidad de caracteres totales dividida por 2100, por lo que la tarifa se ve algo mermada).

Los precios aconsejados por la asociación son los siguientes:

 

Lengua de partida EUROS
Inglés, francés, italiano, catalán, portugués al castellano o catalán 10€ – 24€
Alemán, danés, rumano, serbio, croata, noruego, sueco al castellano o catalán 11€ – 24€

Aunque, a veces la remuneración depende también del tipo de obra, una de las asistentes que conocí en el encuentro era traductora de novela erótica, y parece ser que está bastante mal pagada (6.50€ por 2100 matrices) ya que algunos creen que desprestigia al traductor, aunque hay mucho trabajo en ese campo.

Además de esto, el traductor literario tiene derecho a cobrar derechos de autor:

 

Obras de dominio público Entre el 2% y el 10%
Obras con derechos vivos Entre el 0.5% y el 2.5%

En el contrato que vayamos a firmar las tarifas no son el único punto importante, también habría que prestar especial atención a la renovación del contrato, a las penalizaciones que puede aplicarte la editorial por todo tipo de causas, a las cesiones y a la extensión de la obra al ámbito digital, tema muy candente hoy en día en el mundillo editorial.

Para más información sobre estas cuestiones podéis visitar la web de ACETT o de CEATL.

Tras el debate sobre las tarifas y la fiscalidad, los ponentes recomendaron estar en constante contacto tanto con otros profesionales de la traducción como de la edición, que, además, hoy en día es mucho más fácil y accesible gracias a Internet y a las asociaciones. ¡Hay que asociarse y estar en contacto con el mundo exterior!

Se mencionaron todo tipo de foros, blogs y listas de distribución relacionados con la profesión:

- Actualidad Editorial

- Club de traductores literarios de Buenos Aires

- El atril del traductor

- El Carpintero traductor

- El Trujamán

- Malapartiana

- El Blog de León Hunter

- La Paradoja de Chomsky

- Saltana

- 1611 (Historia de la Traducción)

- ASOCESP

- FIT

En resumen, aunque seamos un colectivo muy quejica, como dicen algunos que desconocen la profesión, y los lectores se acuerdan de nosotros sólo cuando encuentran un error, SÍ se puede vivir de la traducción, y también de la traducción literaria. Sólo hay que poner empeño en lo que uno hace, tener ganas, respetar tu labor y la de los demás, no tener miedo a los retos, exigir tus derechos y cumplir con tus obligaciones para no perjudicar a los demás. ¡Nuestra profesión es simplemente genial!

Y para terminar esta entrada, os adjunto las magníficas conclusiones de Catalina Iliescu, Directora de la Sede Ciudad de Alicante y profesora de la UA.

Ha sido un encuentro mágico con la literatura y con los responsables de que ella llegue hasta nosotros. Unas veces rebelde y desenfrenada, como en el triángulo de encaje y seda del “acorazado Potemkin” que el héroe de la traducción de Benito Gómez hizo suyo, otras veces domesticada, como cuando Peter Bush tiene que templar en la lengua de Shakespeare las obsesiones de su personaje en perpetua erección, un problema evidente para el traductor, aunque mirándolo bien… ¿qué opinarán las lectoras?

Hemos aprendido con Teresa Solana que lo que se hace a cuatro manos no lo puede “desfacer” ninguna política lingüística, pues viene dictado por la esquizofrenia creadora del traductor-escritor que entra en el bucle “sibilino” del perfeccionamiento continuo, deformación profesional que padecen también los traductores de novela histórica, quienes se meten en la máquina del tiempo y, con ayuda de gancheros y pilotos de caza, reconstruyen, esquivando los anacronismos, un cuadro andaluz preciosista con detalle de sardana, porque para eso se les ha comparado hoy con los restauradores de lienzos o frescos de sociedades y vidas pretéritas.

Hemos confirmado una vez más la sospecha de que la teoría sí sirve para algo, aunque sólo sea para saber con qué se le “metaforiza” a uno (cristal, puente, ente invisible, recepcionista de Babel)… y aunque nos gusta hablar de “diferencias traductoras” más que de “pérdidas de la traducción”, en el fondo, todos hemos intentado a lo largo de estos tres días desterrar el mito de la “intraducibilidad” y la leyenda urbana que reza: “de la traducción literaria no se come”.

También nos ha servido este encuentro para enterarnos de que el poli de a pie es el currito y el comisario es el listo, mientras que el inspector suele ser un poco torpe para darle juego al jefe, aunque con tanta policía nacional, local, autonómica y unidades adscritas, una acaba llamándolos con el genérico “fuerzas de orden público”, ¡que encima resulta que dejó de utilizarse cuando murió el tío Paco!

Hemos aprendido que debemos exigir contratos y sabernos los artículos de la ley de propiedad intelectual como la lista de los reyes godos (¡aunque nos vendría mejor la lista de los reyes magos!), a darnos de alta en la omnisciente Hacienda y a facturar, a escoger la asociación que mejor se ajuste a nuestras necesidades y a aspirar, si no al Premio Nacional o al Stendhal, al menos a la “sirenita” de Andersen.

Disfrutamos con nuestro propio reflejo en el espejo minucioso y sagaz de los alumnos, en el que a más de uno de los diseñadores de curricula académicos le tendremos que aplicar el Photoshop porque no sale muy favorecido…

Hemos visto que a las grandes dicotomías de la lingüística, desde Saussure para acá (sincronía-diacronía, significante-significado, lengua-habla, forma-sustancia) se suma la sutil dicotomía que condiciona el apasionante mundo de la literatura jurídica: experto-lego.

Los “minoritarios”, aquellos que en la Comunidad Valenciana, hasta hace cuatro días éramos denominados “inmigrantes” si se trataba de rumanos o marroquíes, cuando los alemanes y escandinavos eran “residentes extranjeros”, hemos podido romper una lanza por estas lenguas de menor circulación, que “encriptan” (palabra cosechada del bucle) poderosas literaturas cuya savia descifran los traductores, de modo que mientras alguien tenga algo que contar… ¡seguiremos existiendo!

Pues como decía mi “nobelizada” compatriota, Herta Müller: “con las palabras en la boca aplastamos tantas cosas como con los pies la hierba. Pero con el silencio, también”.

P.D.: Podéis consultar resúmenes más detallados sobre El Ojo de Polisemo en los blogs de otros compañeros que acudieron a la cita y que tuve el placer de conocer, aunque a algunos ya los conocía.

- Traduo

- Letras de Sastre

- Traduzco, luego existo

 

 


4 comentarios

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  1. Rai

    Un resumen de las jornadas estupendo. Está muy bien sintetizado. ¡Y has encontrado el discurso final de Catalina! ¿Dónde?

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  2. Daniel

    Hola, Cristina:

    Me ha gustado mucho el resumen de estas jornadas a las que, por desgracia, al no estar en España no he podido asistir. Por cierto, ¿dónde se realizaron? Me quedo con tu página para seguirla de cerca.

    Un saludo,
    Dani

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